lunes, 5 de agosto de 2013

Nueve de Agosto

Mientras hacía ansiosamente la maleta, sonó el teléfono.
—¿Hola? —Respondí.
—¡Felicidades! —Contestaron varias voces al unísono.
—¡Os habéis acordado!
—¡Cómo no nos íbamos a acordar, si nuestro pequeñín ya tiene diecisiete años!
—Hola mamá... —Esa voz era irreconocible —. ¿Quiénes están ahí a parte de ti?
—Pues tu padre, el abuelo Pablo, la abuela Petra, la tía Marga, el tío Luis, los pequeños Miguel y Mario...
—¡Vale, vale, lo entiendo! —Reí nervioso.
—Ay, mi niño... ¿Qué tal por Málaga? ¿Te has encontrado ya con esa chica que decías?
—Mamá, ni siquiera estoy en el avión. Estoy todavía en Burgos. —Informé mientras terminaba de doblar las últimas prendas.
—Ah, vale, perdón. Es que, hijo, casi ya ni hablamos... —Mientras mi madre hablaba, se oía a mis primos jugar a la Play Station.
—Lo sé, mamá, pero te prometo que cuando pasen estas dos semanas voy al pueblo, ¿vale?
—Vale, hijo... Bueno, te dejo, que los niños se están peleando. Adiós. ¡Dejad de pelear! —Colgó el teléfono mientras hablaba.
Tras esa larga conversación, cerré mi maleta y la metí debajo de la cama. Sonó mi móvil. Era un mensaje y lo contesté hasta convertirse en una conversación:

Hola Hugo, qué tal? Yo estoy nerviosísima.

Dana! Yo estoy bien, pero cansado.

Claro, yo no estoy cansada porque no tengo que madrugar jajaja

Claro, xD. Tengo muchísimas ganas de verte...

Y yo... Bueno. Te dejo, que tendrás que descansar. Hasta mañana!

Hasta mañana (:


Dejé el móvil en la mesilla y me fui a cenar. Casi no tenía apetito de los nervios, pero aún así, comí un huevo frito y una bolsa de patatas. Después de recoger la cocina, me acosté, pero tardé en dormirme ya que estuve dando vueltas a los acontecimientos que me esperaban al día siguiente.